Los aeropuertos son infraestructuras complejas y buena parte de esa complejidad está justificada con la seguridad de los pasajeros. Los procesos de entrada, facturación y desplazamiento interno de los viajeros requieren de un diseño óptimo. Es por eso que la T2 de Heathrow, antes de su inauguración, realizó 180 millones de pruebas con 14.000 simulaciones y 3.000 voluntarios.
Los puntos de control de seguridad son frecuentes en toda la infraestructura aeropuertos. En 2017 el Proyecto Great Hall de renovación de la terminal Jeppesen (Aeropuerto Internacional de Denver) tuvo como uno de los objetivos la renovación y ampliación de estos puntos.
Aunque la mayoría de los viajeros tenemos esto último en mente, la seguridad aeroportuaria va mucho más allá del peligro del terrorismo. Al reto de la extinción de incendios, de la seguridad de los trenes o de la seguridad en pista se añaden pequeñas situaciones de riesgo que hay que tener controladas para que sus efectos no afecten a servicios críticos. Y este engranaje es silencioso.